Los orígenes
Básicamente, la idea de un orden y clasificación del universo, fue iniciada por el
escritor e historiador griego Hesíodo (siglos VIII-VII a. c.) en su Teogonía, en donde
se contaba la aparición de un mundo ordenado desde el horizonte de un caos
primigenio. Las principales divinidades que hicieron posible todo lo creado, fueron:
Caos
Ser hueco, vacío infinito, previo a todo comienzo y que puede contener todo.
Simple principio cósmico pero sin carácter de divinidad. Caos está personificado en
la Teogonía de Hesiodo como la fuente creadora de Érebo (la oscuridad), Nix (la
noche), Gaya (la tierra) y Tártaro (el mundo subterráneo). Los orfistas sostuvieron que
del acoplamiento entre Caos, infinito, y Éter, finito, surgió el huevo cósmico del que
nació el primer ser. a veces se le ha identificado como hijo de Cronos y hermano de
Éter. Hay quienes afirman que Amor (Eros) salió de Caos, aunque a éste
generalmente se le considera hijo de Afrodita.
Volver arriba
Nix
Nix (la noche) surgió de Caos y se unió con su hermano Érebo para que de ellos
naciera Éter (el aire) y Hémera (la luz del día). También le deben su nacimiento otras
divinidades cuyas acciones se revelaron funestas: Tánato (la muerte natural), Hipno
(el sueño), Moros (la suerte), las Keres (seres femeninos que representan la muerte
violenta y la destrucción), Oniro (los sueños), Momo (el sarcasmo), Némesis (la
venganza), Oizís (la angustia), Éride (la discordia), Geros (la vejez), las tres Moiras
(las Parcas, en latín) y muchas más. Nix eligió como morada el extremo del mundo
occidental, más allá de las columnas de Heracles (el estrecho de Gibraltar),
concretamente el país conocido Hesperia, procedente de una raíz griega que
significa "la noche". Sin duda, esta es la explicación según la cual algunos autores
consideran como las hijas de la noche a las Hespérides, las famosas guardianas de
las manzanas de oro.
Volver arriba
Érebo
Erebo es la personificación de las tinieblas infernales y, como Nix, nació del
Caos primordial. De la unión con su hermano Nix, nacieron Éter (el aire), Hémera (el
día) y Caronte. A excepción de éste último, el barquero de los infiernos, estas
personificaciones juegan un papel poco importante en la mitología. En la lucha de los
Titanes contra los Olímpicos, Érebo tomó parte por los primeros. Al ser derrocados
los Titanes, fue condenado a permanecer eternamente en las profundidades de
Tártaro (prisión para réprobos).
Volver arriba
Eros
Según Hesiodo, Eros había nacido, en el principio de los tiempos, del Caos (el
vacío), lo mismo que Gaya y Tártaro. Eros había asegurado la unión de los elementos
primordiales, Urano (el cielo estrellado) y Gaya (la tierra), y presidio los matrimonios
entre sus descendientes, primero las divinidades y después los seres humanos. Eros
es la personificación de las fuerzas generadoras que invaden a los seres vivos, y los
impulsa a reproducirse. Una visión completamente distinta es la expuesta por Platón
en el Banquete. Según él, Eros nació, al termino de un banquete que había reunido a
todas las divinidades, del acoplamiento entre Penia (la pobreza), y Poros (el medio
de hacer riqueza). Como tiene la misión de asegurar la continuidad de la especie, se
lanza a una búsqueda constante (a imagen de su madre), empleando siempre su
gran astucia (como su padre) para conseguir sus fines. Según otros mitos, Eros es
un dios muy joven hijo de Afrodita y de su amante Ares. El arte y la literatura clásica
siguiendo esta línea, lo pintan como un hermoso muchacho, fuerte y musculoso. Las
leyendas más extendidas, prefieren presentarlo como un niño travieso y perverso,
generalmente halado, provisto de un arco o antorcha que, sin descanso, va en busca
de nuevas victimas ya que sean seres mortales o inmortales, entre los cuales figuran
Zeus y su propia madre. Apuleyo se apoyó en esta versión al escribir la leyenda de
Eros y Psique. Más claramente que el Eros griego, con el que al final acabó por
confundirse, Cupido es la personificación del deseo amoroso más ardiente.
Volver arriba
Anteros
Anteros, hermano de Eros, nacido de la misma madre, actúa de dos formas
diferentes: venga a su hermano cuando los mortales rechazan al amor o lo traicionan
-sustituya a Eros y reemplaza la pasión por antipatía o frialdad en los corazones de la
gente. Como le molestan las uniones monstruosas y no desea la vuelta al Caos
primigenio, pone en los desordenes amorosos un factor de organización y
ponderación.
Volver arriba
Moros
Moros, el destino, es una divinidad ciega, salida de Nix y de Caos. Están
sometidas a él las demás divinidades. Los cielos, la tierra, los mares y los infiernos
forman su imperio. Las leyes de Moros están Escritas, a lo largo de la eternidad, en
un lugar al que pueden acudir los dioses para consultarlas. Sus ministras son las tres
Moiras y se encargan de ejecutar sus órdenes. Solamente los oráculos pueden
revelar en la tierra lo que está escrito en el libro del destino.
Volver arriba
Gaya
Según la Teogonía de Hesiodo, Gaya (la Tierra) es la primera criatura nacida
del Caos primordial, antes que Tártaro (el mundo subterráneo), Nix (la noche), Érebo
(las tinieblas) y Eros (el amor).
De gaya nació Urano (el cielo), Pontos (los mares) y las altas montañas. Después,
Urano se unió a su madre y engendraron a los Titanes y a las Titánides, entre los que
figuran Cronos y Rea (los padres de Zeus y de sus hermanos y hermanas), Océano
(el río que fluye rodeando la tierra), Tetis y las divinidades del océano. De Urano y
Gaya también nacieron los tres primeros Cíclopes (Brontes, Estéropes y Arges), los
gigantes de cincuenta cabezas y cien brazos y los Hecatonquiros (Coto, Briareo y
Giges o Gíes)
Volver arriba
Urano
Según Hesiodo, Urano (el cielo estrellado), fue creado en el principio del
mundo por Gaya (la Tierra). Dios masculino hecho a imagen de su madre, engendró
en ella a los irreductibles Titanes, a los Cíclopes y a los monstruos Hecatonquiros.
Sintió odio por sus hijos desde el primer día, por lo que los hundía en el seno de la
Tierra sin dejarlos que vieran la luz. Gaya imploró ayuda a sus hijos y le dio a Cronos,
el último de los Titanes, la hoz para que mutilara a su padre. Protegido por la Noche,
Urano se disponía a penetrar en Gaya en ese momento, fue cuando Cronos cortó
con su hoz los genitales de su padre. Pero los pedazos fertilizaron una vez más a
Gaya y de la salpicadura nacieron las poderosas Erinias (las Furias), los terribles
gigantes y las Melíadas (las ninfas de los fresnos). Algunos trozos del miembro de
Urano que cayeron al mar formaron una blanca espuma de la que se formó Afrodita.
De la hoz, tirada también al mar, surgió la isla de Corfú.
Volver arriba
Cronos
Nacido el último de los doce Titanes, hijos de Gaya (la tierra) y de Urano (el
cielo), Cronos fue el único que atendio la llamada de su madre cuando ésta quiso
armar a sus hijos contra Urano. Con una hoz cortó los genitales a su padre,
liberándose tanto él como sus hermanos y hermanas de permanecer en las entrañas
de la tierra donde estaban recluidos. Después, para evitar que uno de sus
descendientes le hiciera correr la misma suerte que él le proporcionó a su padre,
Cronos prometió a sus hermanos mayores, los Titanes, que no tendría
descendientes. Sin embargo se unió con su hermana Rea y así nacieron los
crónidas: Tres chicas (Hestia, Deméter y Hera) y tres muchachos (Hades, Poseidón
y Zeus). decidió entonces actuar con su progenie de la misma manera que lo había
hecho Urano con la suya. Pero en vez de sepultar a sus hijos en las entrañas
maternales, se los comía en cuanto nacían. Desesperada, Rea buscó una solución
pues estaba nuevamente embarazada. Consultó a Gaya, su madre, y ésta la
aconsejo que se fuera a dar luz a Creta. Así lo hizo y allí nació Zeus. A su regreso
presentó a Cronos una roca envuelta en pañales en vez del hijo recién nacido; él se
lo tragó sin ninguna desconfianza. Zeus se salvó gracias a este subterfugio y fue
criado por Gaya en el monte Ida. Con el fin de que Cronos no oyera los vagidos del
niño, los curetes (sacerdotes-soldados de Rea) simulaban una danza sagrada
golpeando sus espadas y lanzas en un escudo de bronce. Superada la infancia, Zeus
decidió vénganse de su padre. Pidio ayuda a Metis (la sabiduría), hija del titán
Océano. Ésta le preparo un bebedizo, y al tomarlo, cronos vomitó a sus hijos que se
había comido. Una larga guerra se desencadenó entonces, al termino de la cual
Cronos tuvo que abandonar el trono a favor de Zeus. Él fue arrojado a las
profundidades del Tártaro con Jápeto y los demás titanes y los hecatonquiros, sus
guardianes.
Volver arriba
Rea
Titánida, hija de Urano y de Gaya y mujer de Cronos, tuvo con él, seis hijos:
Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón y Zeus. Cronos se los comía a todos en
cuanto nacían y Rea le dio una piedra envuelta en pañales en lugar de Zeus. Hay
tradiciones que afirman que Poseidón se salvó también al sustituirle por un pollo.
Diosa importante en Creta (lugar en que nació Zeus), en Arcadia (donde cuenta la
leyenda que Poseidón fue cambiado por el pollo), y en Frigia, donde a menudo se la
ha asimilado con Cíbeles, Rea, lo mismo que Gaya, parece ser que siempre fue
considerada como una divinidad de tierra.
Volver arriba
Los titanes y las titánides
Nacidos de la unión de Urano (el cielo) y de Gaya (la
tierra), los titanes y las titánides más importantes son: Cronos, Rea, Océano, Tetis,
Jápeto, Hiperión, Coeo, Crío, Febe, Temis, Mnemósine y Tea. A algunos de sus
hijos, como Helios, Prometeo, Epimeteo y Atlas, también se les considera titanes.
De la misma manera que Cronos destronó a su padre Urano, Zeus expulsó a Cronos
del trono del universo tras una terrible batalla en la que se enfrentaron los dioses
olímpicos contra las titanes. Prometeo y algunos de los hijos de Gaya, los
hecatonquiros (gigantes de cien cabezas) y los cíclopes, se aliaron con Zeus. Otros,
entre los cuales figuraba Océano, Helios y el conjunto de las titánides, se
mantuvieron neutrales. Al cabo de diez años, Zeus consiguió hacerse con la victoria y
envio a sus adversarios a las profundidades de Tártaro, poniendo como guardianes
a los tres hecatonquiros. Como castigo a Atlas por haberse puesto de parte de los
titanes, Zeus lo condenó a sostener en sus hombros la bóveda celeste.
Volver arriba
Artículo desarrollado por Sergio David